Este fue el caso de un padre de familia de más de 50 años que reside en Cádiz, Andalucía. El hombre, cansado de los constantes mensajes que recibía de su empresa, abandonó el grupo de Whatsapp del trabajo y fue despedido. El indignante suceso encendió las alarmas en la ciudad europea.

El andaluz trabajaba en una cafetería instalada en un hospital de Puerta del Mar. En marzo de este año, la compañía Eurest Colectividades logró la concesión de dos de estos locales gastronómicos pero mantuvo al equipo de trabajo que consta de 21 personas.

Sin embargo, al poco tiempo de asumir el mando, la empresa creó un grupo en la reconocida plataforma de mensajería y agregó a todos sus empleados. Allí informaban sobre “los cuadrantes semanales de trabajo, emitía instrucciones y comunicaciones sobre cuestiones laborales y controlaba la actividad diaria de la plantilla”, Eurest le exigía a su personal que enviaran registros fotográficos en todo momento para constatar que se encontraran cumpliendo con las tareas asignadas.

En este marco, un hombre no soportó los incesantes mensajes enviados a su teléfono personal y tomó la decisión de abandonar el grupo, al que había sido añadido sin su consentimiento, un 6 de julio. Un día más tarde, la empresa lo contactó para exigir explicaciones sobre su decisión y solicitaron que se reincorporara inmediatamente, alegando que “el grupo de cocina es para todos”.

Hacia el 10 de julio, el pedido no cesó y Eurest le pidió una vez más al hombre que tenía la obligación de ser parte del grupo, a lo que el individuo se negó y aclaró que “el número de teléfono asociado al grupo de Whatsapp era particular y no de la empresa”. Finalmente, la compañía tomó la drástica decisión de enviarle una carta de despido en la que el causal fue “una mala situación económica de la empresa y la necesidad de amortizar el puesto de trabajo”.

Los sindicatos Autonomía Obrera y Confederación General de Trabajo (CGT) defienden al empleado y denunciaron que el despido no tenía motivos reales ni verídicos y que, por el contrario, se trataría de un “castigo” de la empresa hacia el trabajador.

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